Actividad #49 «Detonaciones microtextuales»

Actividades de escritura creativa para jóvenes y adultos.

Imparte Deniss Guerra

Ya casi nos llega el fin, al menos por este año, se ha realizado un trabajo que superó todas nuestras expectativas, estamos muy emocionados de lo que hemos recibido hasta el día de hoy. Por este año, dejaremos las actividades en la número 50, eso quiere decir que solo una más y nos vamos.

En esta ocasión nos inspiramos en lo más cotidiano de nuestro día, los bolsillos de los pantalones.

Actividad #49

Instrucciones

Deberás escribir una minificción sobre objetos que cargas en tus bolsillos, dos cosas que inspiraron esta actividad son: el cuento de Etgar Keret que te dejamos abajo y Mary Poppins, así que, no solo será cuestión de contar qué llevas en los bolsillos, sino que al menos tres de los objetos deben ser totalmente fuera de lo común, ya sea en tamaño, función, etc.

No olvides:

  • Título
  • No más de 120 palabras
  • Límite 24 de noviembre 23:59 hrs.
  • Cuento sobre objetos que llevas en tus bolsillos. Al menos tres de ellos deberán ser fuera de lo común.
  • Subir tu texto a comentarios.
  • Firmar con nombre o seudónimo.

Recomendación musical

Cuento recomendado

¿Qué llevamos en los bolsillos?

Un mechero, un caramelo para la tos, un sello de correos, un solitario y algo torcido cigarrillo, un palillo, un pañuelo de tela, un bolígrafo, dos monedas de cinco shekels. Esa es una pequeña parte de las cosas que llevo en los bolsillos. Entonces ¿qué misterio tiene que estén tan abultados? Son muchos los que me lo han dicho.
–Pero ¿qué coño llevas en los bolsillos?
A la mayoría, ni les contesto, sino que me limito a sonreír y, a veces, hasta suelto una forzada risita. Si se empeñaran en saberlo y me volvieran a preguntar, seguro que les enseñaría todo lo que llevo en ellos y puede que hasta les explicara para qué necesito tener siempre conmigo todas esas cosas. Pero no insisten. Qué coño llevas, la risita, el angustioso y breve silencio, y ya hemos pasado a otro asunto.
En realidad, todo lo que llevo en los bolsillos está ahí intencionada y premeditadamente. Todo está ahí para encontrarme en una situación de ventaja cuando llegue el momento de la verdad. Aunque, realmente, eso no es que sea muy exacto. Todo está ahí para no encontrarme en situación de desventaja cuando llegue el momento de la verdad. Porque ¿qué ventaja vas a poder sacar de un palillo o de un sello de correos? Pero, si por ejemplo, una chica guapa –¿sabéis qué?, ni siquiera guapa, simplemente mona, una chica de aspecto corriente pero con una sonrisa cautivadora capaz de cortaros la respiración– os fuera a pedir un sello, o ni siquiera fuera a pedíroslo, sino que la veis allí en la calle, una lluviosa noche, con un sobre sin sello en la mano junto a un buzón rojo y os pregunta si no sabríais por casualidad dónde hay una oficina de correos abierta a esas horas y después tosiera un poco, con una tos producto del frío y de la desesperación, porque ella también sabe, en el fondo, que no hay ninguna oficina de correos abierta por los alrededores, vamos, que seguro que no a esas horas, entonces, en ese momento, el momento de la verdad, no va a decirte qué coño llevas en los bolsillos, sino que te estará inmensamente agradecida por el sello, aunque puede que ni siquiera agradecida, sino que se limitará a brindarte su cautivadora sonrisa, una sonrisa cautivadora a cambio de un sello –yo estaría dispuesto a firmar ahora mismo, aunque el valor de los sellos esté al alza y el de las sonrisas a la baja.
Tras la sonrisa me daría las gracias y volvería a toser, de frío y un poco también de turbación, y entonces yo le ofrecería un caramelo para la tos.
–¿Qué más llevas en los bolsillos? –me preguntaría ella, pero con delicadeza, nada de «qué coño llevas ahí» y sin ningún deje negativo.
Y yo le contestaría sin vacilar:
–Todo lo que puedas llegar a necesitar, cariño, todo lo que pueda llegar a hacerte falta.
Pues ya está. Ahora ya lo sabéis. Eso es lo que llevo en los bolsillos. Una pequeña posibilidad de no cagarla. Cierta posibilidad. No demasiado grande, incluso poco probable. Lo sé, que tonto no soy. Una pequeñísima posibilidad de que, digamos, cuando llegue la felicidad pueda decirle «sí» en lugar de «perdona, lo siento, no tengo ningún cigarrillo/palillo/moneda para la máquina de las bebidas». Eso es lo que llevo en los bolsillos, tan abultados y repletos, la remota posibilidad de poder decir sí en lugar de lo siento.

Etgar Keret

4 Replies to “Actividad #49 «Detonaciones microtextuales»”

  1. -Regalo de navidad-

    Apenas esta tarde llegué a mi nuevo hogar. No tuve opción, fui esposado a seis concubinas quienes, a pesar de ser completamente mudas, parecen ser importantes por aquí. Uno de los pocos pobladores, de aspecto peligroso y movimientos sagaces, no tardó en contarme la lista de cónyuges que me precedieron, nombró a celebridades e ¡¡incluso animales!! Tengo miedo. ¿Será que ellas privan de la vida a sus esposos? ¿Qué puede hacer un pequeño robot como yo para evitar tal destino? ¡Ya sé!, intentaré escapar con un par de forasteros que llegaron justo después de mí. Ellos son delgados pero con cabezas extrañas que, según ellos, son capaces de armar y destruir construcciones colosales.

    Ahí vienen, necesito de su ayuda para escapar.

  2. Una lista de las cosas que todos deberíamos llevar en nuestros bolsillos.

    Buscando sabiduría en internet encontré esa imagen con ese título. Esta es la lista:
    Una lata de risas para esos momentos de tristeza, un paraguas para cubrirnos de la lluvia de críticas, un caramelo de menta para recordar lo dulce y refrescante que es la vida, tus llaves no sólo las de tu casa o tu auto sino las llaves de tu corazón para que no te lo vayan a robar y sólo puedas compartirlo con quien tú decidas y un detector de emociones, los que parecen brújulas son las más efectivos y discretos, para que puedas observar y de ser posible ayudar a los que están pasando por momentos difíciles.

  3. Un ruego a la eternidad

    Envilecedora locura embriaga la conspicua naturaleza de mis horas. ¡No puedo más, no tengo el valor para afrontar los cánticos melancólicos de tu ausencia! ¡No me dejes a merced del tiempo! No hará otra cosa que subyugarme al grotesco sentido de su circunscrito camino. He tomado la única resolución posible para un alma agonizante. Liberaré la bravura poderosa de las aguas del mar, dejaré salir el correr furioso de los vientos del norte y, por último, te entregaré el calor vivo del abrazo solar. Todo lo oculté en el fondo del bolsillo de mi pantalón. Lo había robado para ti, pero con ello, sólo gané tu desprecio. No me digas adiós eternidad, no me digas adiós… y para siempre.

    Arthur Dent

  4. Utencilios

    En mi bolsillo llevo colaloka porque no sabes cuando alguien en la facultad lo necesitara.
    Tijeras, tambien, por si acaso.
    Igual con ellas corto papeles los cuales doblo para hacer figuras. Ademas sirven para escribir ideas geniales y anotar numeros de gente que ayude.
    Aunque a veces, con ellos, da miedo que me pinche o pegue la co…

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